Devocional de hoy

1 de octubre

La alabanza que vino de abajo

Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.
Lucas 19:40

Mathyahu (Mateo) y Lucas cuentan el mismo día desde dos ángulos. Mientras la multitud recibía a Yahshúa (Jesús) en Jerusalén, algunos fariseos de entre la gente le pidieron que reprendiera a sus discípulos. Y en el Templo, cuando vinieron a él ciegos y cojos y los sanó, los principales sacerdotes y los escribas no se alegraron: se indignaron porque los muchachos gritaban «¡Hosanna al Hijo de David!».

La respuesta de Yahshúa (Jesús) fue dos veces una cita de las Escrituras. A los fariseos les dijo que si los discípulos callaran, las piedras clamarían. A los sacerdotes les recordó el Tehillim (Salmo) 8:2: de la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza. Sin decirlo de frente, les confirmó que Él era el Mesías, y que esa verdad había salido a la luz por boca de gente simple.

Fijate dónde estaba el problema. No era falta de información: los que se indignaron eran los que más sabían de Escritura en todo Israel. Tenían los textos, las clases, el vocabulario. Lo que les faltó fue asombro. Y ese es un riesgo que corre cualquiera que lleva años en la fe, incluidos vos y yo: el conocimiento acumulado puede volverse costumbre, y la costumbre no se sorprende de nada. Uno empieza a escuchar el mismo pasaje calculando qué le falta al que lo está enseñando, y no lo que el texto le está diciendo a él. Los muchachos del Templo no tenían ese filtro puesto: vieron y gritaron.

Hoy hacé algo simple: leé el pasaje como si fuera la primera vez y dejá que te llame la atención. Si un niño puede reconocer a Yahshúa (Jesús) sin haber estudiado, vos no necesitás más datos para alabarlo. Necesitás menos cálculo.

Este devocional sale deMateo 21