Devocional diario
1 de febrero
El agua que ya existía
La palabra «bautismo» viene del griego baptizo, que significa empapar o sumergir. Se usaba para describir el proceso de teñido: el objeto entra en la tinta, la tinta lo permea y sale de otro color. En hebreo el acto de inmersión en agua se llama Tevilá, y el lugar donde se hace, Mikvá: una poza pequeña que tenía que cumplir ciertos requisitos religiosos, y el principal era contar con agua corriente y no estancada. Casi toda sinagoga tenía la suya, pero las principales estaban en Jerusalén, porque todo israelita que quería entrar al Templo pasaba primero por una inmersión ritual para estar en estado de pureza.
Con ese dato se cae una idea muy repetida: que Yojanan (Juan) inventó el bautismo. No lo inventó. El ritual de inmersión ya existía en la cultura bíblica hebrea y se usaba para tres cosas distintas. Limpieza ritual, cuando alguien quedaba impuro (heb. Tamei) y necesitaba entrar al Templo. Cambio de estado, cuando alguien se casaba, iniciaba un ministerio o se convertía al judaísmo: dejaba atrás una vida y entraba en otra. Y arrepentimiento, la inmersión vinculada al retorno a vivir como YAHWEH (Jehová) manda. Ese tercero era el de Yojanan (Juan), y por eso le decían Yojanan haMatbil.
Volvé a la figura del teñido, porque ahí está el punto. La tinta no moja el objeto por encima: lo atraviesa y le cambia el color. Yojanan (Juan) no estaba convocando a una ceremonia; estaba llamando a una generación que se había desviado de los caminos de YAHWEH (Jehová) a cambiar de dirección. El agua era la señal visible de algo que pasaba adentro, y sin eso adentro el agua era sólo agua.
Preguntate hoy qué fue tu bautismo: un trámite que cumpliste o un cambio de estado que estás sosteniendo. Si fue lo primero, no hace falta volver al agua. Hace falta empezar a vivir de este lado.


