Devocional diario
1 de agosto
Buena costumbre no es mandamiento
No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de YAHWEH (Jehová) vuestro Elohim (Dios) que yo os ordene.
Después del llamado de atención a los fariseos, Yahshúa (Jesús) vuelve al punto que había levantado toda la discusión: el lavamiento de manos. En la tradición judía los rabinos mandan hacer un lavamiento ritual antes de comer. Como práctica de salud es buena y nadie la discute. El problema es de categoría: la catalogaron como «una norma» en lugar de «una buena costumbre», y ese cambio de casillero le puso un tinte religioso que no le corresponde.
Con eso se añaden mandamientos a los que YAHWEH (Jehová) ya dio, y eso está claramente prohibido. Devarim (Deuteronomio) lo dice sin margen: ni añadir ni disminuir. Y no es un capricho. Los mandamientos que Él sí dio nos ayudan a entender cómo funciona el mundo y nos van acercando a su mente. Las normas extrabíblicas hacen exactamente lo contrario: nos alejan de su corazón justo mientras nos dan la sensación de estar más cerca.
Fijate que esto no quedó en el primer siglo. En tu casa y en tu congregación se arma una costumbre razonable —un horario, una forma de vestir, un modo de orar— y con los años deja de ser costumbre y empieza a medir quién es fiel y quién no. Nadie lo decidió en voz alta; se fue corriendo solo. Y el día que alguien no la cumple, lo miramos como si hubiera pecado contra Elohim (Dios). Lo peor es el revés: mientras discutimos el horario, nadie pregunta si en esa casa hay perdón.
Hoy elegí una sola de esas reglas que aplicás en tu casa y preguntate de dónde salió. Si está en la Palabra, sostenela sin vergüenza. Si es tu costumbre, seguí usándola, pero dejá de cobrársela a los demás. Ese solo cambio le quita a tu fe un peso que nunca fue suyo.


