Devocional diario
10 de agosto
Eso no se razona, se revela
Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del YAHWEH (Jehová) viviente.
Llama la atención que Yahshúa (Jesús) llevara a sus discípulos justamente a Cesárea de Filipo, pero siempre hay un propósito en lo que Él hace. Al llegar les preguntó quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre. «Hijo de hombre» en hebreo es Ben Adam, una expresión que también sirve para nombrar al ser humano, porque todos descendemos de Adán. Pero la frase está además atada a una visión de Daniel, donde uno como hijo de hombre viene con las nubes del cielo, es llevado hasta el Anciano de días y recibe dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvan; un dominio eterno y un reino que no será destruido.
Los discípulos le contaron lo que decía la gente: Yojanan (Juan) el Bautista, Elías, Yirmeyah (Jeremías), alguno de los profetas. Entonces Él corrió la pregunta al terreno personal: y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Kefa (Pedro) contestó sin dudar que era el Cristo, el Hijo del YAHWEH (Jehová) viviente. Cristo viene del griego Christos, ungido, y su equivalente hebreo es Mashíaj: la figura de la que hablan las Escrituras, que traería salvación y redención al pueblo de YAHWEH (Jehová). Yahshúa (Jesús) le confirmó que había acertado, y le aclaró de dónde le venía el acierto: no se lo reveló carne ni sangre, sino el Padre que está en los cielos.
Ahí está la enseñanza dura. Entender que Yahshúa (Jesús) es el Mesías y que además es Hijo de YAHWEH (Jehová) no es una conclusión racional, es una revelación espiritual. Por eso podés tener todos los argumentos ordenados y no alcanzar a la persona que querés convencer. No le falta información: le falta que el Padre le abra los ojos.
Dejá hoy de discutir con esa persona y empezá a pedir por ella. Y contestá vos la pregunta en voz alta, para vos, sin repetir lo que dice la gente.


