Devocional diario
11 de diciembre
Lo que entra termina saliendo
Es un hecho: cualquier cosa que una persona permita que ocupe su mente, tarde o temprano va a influir en su plática y en sus acciones. Esa es la premisa detrás de Filipenses 4:8 y de Colosenses 3, que no proponen una lista de prohibiciones sino patrones saludables para la mente. Y Shaul (Pablo) va más lejos en su segunda carta a los corintios: hay que llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia de Yahshúa Ha Mashíaj (Jesucristo).
Esas Escrituras dan una imagen clara de la clase de música que no conviene escuchar, y el criterio no es el género. La mejor música que podemos escuchar es la que alaba y glorifica a YAHWEH (Jehová), y hay muchos músicos cristianos talentosos en casi cualquier género, desde lo clásico hasta el rock, el rap y el reggae. No hay nada inherentemente malo en un estilo: la letra es la que determina si una canción es aceptable.
Pero el estudio agrega una condición personal que conviene no saltear. Si un estilo de música secular, ya sea por la música misma o por la letra, te lleva a pensar en algo que no glorifica a YAHWEH (Jehová) o a involucrarte en eso, debe ser evitado. No importa que a otro no le haga nada: el efecto que tiene sobre vos es el dato que tenés que mirar. Lo que a uno le pasa de largo a otro lo arrastra, y cada uno responde por lo suyo.
Así que la última pregunta de este estudio no es qué está permitido, sino qué te pasa a vos. Identificá hoy una canción que te deja en un lugar del que después te cuesta salir, y dejá de ponerla.


