Devocional diario
11 de mayo
Lo que no te deja dormir
El estudio se detiene en los problemas para dormir y los ordena uno por uno. La ansiedad no deja conciliar el sueño hasta las dos o tres de la madrugada. La depresión hace lo contrario: la persona se duerme y se despierta en la madrugada sin poder volver a dormir, y acá el estudio aclara que esto va dirigido a quien todavía no conoce a nuestro Creador, porque quien conoce a nuestro Elohim (Dios) muchas veces es levantado de madrugada para orar. Hablar dormido habla de angustia persistente. El bruxismo se confunde con parásitos, y si médicamente no se comprueba ninguna anomalía, la persona necesita ayuda espiritual. Está el terror nocturno en los niños, que se despiertan gritando, sudan frío y tienen las pupilas dilatadas. En el adulto lo mismo lleva otro nombre: pesadillas. Y está la parálisis del sueño, donde la persona despierta a medias, con gran angustia, sin poder moverse ni hablar.
Fijate que el estudio no manda a autodiagnosticarse. En cada caso remite a dos cosas: descartar lo médico y conversar con el pastor. Y en medio de la lista deja una frase que pega fuerte: muchos de los problemas de nuestros hijos se resuelven cuando se resuelven los problemas de sus padres. Cuando hay problemas económicos en el hogar y no hay madurez, esos temas se tocan delante de los hijos. Los hijos no tienen culpa de nada y no deberían escuchar eso.
Eso te toca esta noche, en tu casa, en la mesa. No hay técnica espiritual que arregle lo que se dice delante de un niño de siete años a las nueve de la noche.
Cuidá hoy una sola cosa: lo que se habla delante de tus hijos. Y si algo de esa lista te describe, pedí una conversación con tu pastor.


