Devocional diario

12 de enero

Primero el texto, después la señal

Lo veré, mas no ahora; lo miraré, mas no de cerca; saldrá estrella de Jacob, y se levantará cetro de Israel, y herirá las sienes de Moab, y destruirá a todos los hijos de Set.
Bamidbar (Números) 24:17

La estrella no fue una ocurrencia de último momento. En la Torá, mucho antes de los profetas, ya había una palabra sobre una estrella: saldrá estrella de Jacob, y se levantará cetro de Israel. Tradicionalmente los comentaristas judíos han leído ese versículo como la señal que anunciaría la llegada del Mesías. Cuando salga la estrella de Jacob, entonces se levantará rey en Israel.

Eso es lo que tenían en la cabeza los sabios cuando miraron el cielo. No estaban adivinando: estaban cruzando una señal con un texto que ya conocían. Por eso siguieron la estrella buscando al que iba a ser rey en Israel, y no a un maestro, ni a un profeta más. Mathyahu (Mateo) cuenta que la estrella iba delante de ellos hasta detenerse sobre donde estaba el niño, y que al verla se regocijaron con muy grande gozo. Ese gozo no fue por la luz en el cielo: fue por la confirmación de algo leído.

Marcá el orden, porque es el que te toca. Primero la Palabra, después la señal. Ellos no armaron su fe con lo que vieron arriba; reconocieron arriba lo que ya habían leído. Al revés es donde la gente se pierde: una coincidencia impresionante, una sensación fuerte, un sueño raro, y sobre eso se construye una decisión entera, a veces una vida entera. El problema no es que Elohim (Dios) no hable por señales; es que una señal sin texto la interpretás vos, con tus ganas puestas adentro.

Si estás esperando una señal para algo, dale la vuelta al método: andá primero al texto. Cuando la señal llegue, vas a saber qué es, y el gozo va a ser de los que no se caen al otro día.

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