Devocional diario

12 de febrero

Del río al desierto

Entonces Yahshúa (Jesús) fue llevado por el Ruaj al desierto, para ser tentado por el diablo.
Mathyahu (Mateo) 4:1

En el capítulo anterior Yahshúa (Jesús) fue hasta donde estaba Yojanan (Juan) el Bautista para hacer su inmersión y dar inicio a su ministerio. Uno esperaría que lo siguiente fuera una plaza, una sinagoga, gente. No fue así. Su primera misión fue buscar a Elohim (Dios) en el desierto: el Ruaj lo llevó allí para ser tentado por el diablo.

Ese es el marco de todo el capítulo que empieza hoy. Lo primero después del agua no es el éxito público, es la prueba a solas. Y notá quién lo lleva: el Ruaj. No fue un desvío ni un accidente en la agenda; estaba en el itinerario. Lo que vamos a ver en estos días es el desarrollo de eso: la diferencia entre prueba y tentación, quién es el adversario que aparece ahí, las tres ofertas que le hizo y la manera exacta en que Yahshúa (Jesús) las respondió.

Después del desierto el capítulo se abre hacia afuera: Galilea, una aldea de pescadores, los primeros discípulos, el mensaje del Reino. Pero ese orden no se puede invertir. Primero el lugar donde nadie aplaude, y después el lugar al que la gente llega de todas partes. Al que se saltea la primera parte le queda un ministerio sin raíz: mucha gente alrededor y ninguna prueba superada que lo sostenga el día en que la gente se vaya. El desierto no es el castigo previo al llamado; es parte del llamado.

Si vos venís de un momento alto —una decisión tomada, un compromiso hecho, un comienzo— y lo que llegó después fue sequedad, no concluyas que te equivocaste. Leé el capítulo 4 esta semana con esa pregunta puesta y anotá qué se le pidió a Yahshúa (Jesús) en el desierto.

Este devocional sale deMateo 4