Devocional diario

12 de septiembre

Nadie interrumpe cuando trae un hijo

Pero Yahshúa (Jesús) dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos. Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí.
Mathyahu (Mateo) 19:14

Yahshúa (Jesús) venía hablando de temas pesados con sus discípulos —matrimonio, divorcio, soltería— cuando llegaron unos padres de familia a pedirle que pusiera las manos sobre sus hijos y orara por ellos. Los discípulos los reprendieron. Desde su lugar tenía lógica: estaban en medio de una conversación importante y esto parecía una interrupción menor, cosa de gente que no entendía el momento. Él los corrigió a ellos, no a los padres.

Hay un detalle cultural que le da peso a la escena. En la cultura bíblica la bendición se imparte imponiendo las manos sobre quien la recibe, de un modo parecido a la transferencia de autoridad que los rabinos hacían con sus discípulos: en hebreo Smijá, ordenación rabínica, del verbo Samaj, que significa conectar o juntar. O sea que esos padres no pedían un gesto simpático para la foto. Pedían que su hijo quedara conectado con Él.

Y dijo algo más fuerte todavía: de los tales es el reino de los cielos. Los que los discípulos estaban sacando del camino eran, según Él, el modelo de quién entra. Eso desarma el orden con el que solemos trabajar, también en la iglesia: primero los asuntos serios, después los niños, si queda tiempo. Casi nunca queda. Y los chicos no esperan en la fila: aprenden en esos años cuánto valen para los adultos que los rodean, y eso se les queda pegado mucho más que la doctrina que les enseñemos después.

Hoy dale a un chico de tu casa el lugar que le sacaste sin darte cuenta. Apagá la pantalla, sentate con él y orá poniéndole la mano encima, por nombre. Cinco minutos. No es una interrupción de lo importante: es lo importante. Y para él va a ser la parte del día que recuerde.

Este devocional sale deMateo 19