Devocional diario
13 de julio
Dejá que crezcan juntos
Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.
Yahshúa (Jesús) contó otra parábola con semilla, pero dándole otro giro. Un hombre sembró buena semilla en su campo, y mientras dormían los hombres vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo. Cuando la hierba dio fruto, apareció también la cizaña. Los siervos quisieron ir a arrancarla y el dueño no los dejó: al arrancar la cizaña arrancarían también el trigo. Que crezcan juntos hasta la siega.
El dato natural explica la orden. El trigo y la cizaña son físicamente muy parecidos, y la diferencia se deja ver hasta el momento de la cosecha, porque el trigo saca fruto y la cizaña no. Después, en privado, Yahshúa (Jesús) dio la clave: el que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los hijos del Reino, la cizaña son los hijos del malo, el enemigo que la sembró es el diablo, la siega es el fin del siglo y los segadores son los ángeles. Entonces los justos resplandecerán como el sol, igual que había anunciado Daniel.
Eso ordena dos ganas que suelen aparecer juntas. La de limpiar el campo ahora, sacando de la congregación, del grupo o de la familia a los que te parecen cizaña; y la de desanimarte porque el campo está mezclado. Ninguna de las dos es tarea tuya. El arranque no te fue encargado, y la fecha ya está puesta. Lo tuyo es dar fruto, que es lo único que de verdad distingue una planta de la otra. Y notá que el dueño no dijo que la cizaña no importara: dijo que la fecha no era hoy.
Hoy dejá de vigilar el campo ajeno y revisá tu propio fruto. Nombrá un fruto concreto que se pueda ver esta semana en tu casa, y hacelo.


