Devocional diario

14 de mayo

La amargura y su remedio

Líbrense de toda amargura, arrebato de cólera, ira, imposiciones violentas, calumnias, y todo rencor. En cambio, sean benignos unos con otros, de corazón tierno y perdonándose el uno al otro, así como en el Mashíaj, YHWH (Jehová) los perdonará.
Efesios 4:31-32

Empieza hoy un estudio sobre la amargura, y la definición con que arranca no deja lugar a la duda: es un cinismo rencoroso que se traduce en una intensa discordia o aversión hacia los demás. No es tristeza, no es cansancio, no es tener carácter fuerte. Es una postura tomada frente a la gente. Y el estudio, apenas la define, pasa directo a cómo lidiar con ella y con sus frutos, con el pasaje de Efesios.

Fijate el orden del texto, porque el orden enseña. Primero manda librarse: amargura, arrebato de cólera, ira, imposiciones violentas, calumnias, todo rencor. Después no deja el lugar vacío, lo llena: benignos unos con otros, de corazón tierno, perdonándose el uno al otro. Y cierra con la medida, que no es nuestra paciencia ni la gravedad de lo que nos hicieron: así como en el Mashíaj fuimos perdonados. Sacar sin poner nada no funciona; el hueco se vuelve a llenar con lo mismo. Y fijate que la lista no separa lo grave de lo leve: el arrebato de cólera y el rencor callado están nombrados juntos, en la misma frase y con el mismo verbo.

Por eso este tema conviene mirarlo de frente y no de costado. En los días que vienen el estudio va a explicar qué significa la palabra, a dónde conduce la amargura, cómo darse cuenta de que la tenés, por qué es un pecado que crece dormido y con qué grupo de actitudes viaja siempre acompañada. Es un tema que casi nadie pide, y que casi todos necesitamos en algún rincón.

Hoy no te pido que perdones nada todavía. Te pido un nombre. Escribí en un papel la persona o la situación que te vino a la cabeza mientras leías, y guardalo para esta semana.

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