Devocional diario

15 de mayo

Afilado como una flecha

Las aguas amargas que acarrean maldición.
Bamidbar (Números) 5:18

El estudio empieza por la palabra. Como adjetivo, amargo significa afilado como una flecha, o picante al gusto, desagradable, venenoso. La imagen que está detrás es el agua amarga que se les daba a las mujeres sospechosas de haber cometido adulterio, en Números 5, descrita como las aguas amargas que acarrean maldición. Hay algo que entra al cuerpo, que sabe mal y que hace daño. Eso es lo que la Escritura nombra cuando usa esa palabra: algo que entra, que se siente en la boca y que trabaja por dentro.

En su sentido figurado, la amargura se refiere a un estado mental o emocional que corroe, que carcome. Puede afectar a alguien que atraviesa una tristeza profunda, y en general es cualquier cosa que actúa sobre la mente de la misma forma en que el veneno actúa sobre el cuerpo. La definición sigue, y acá está lo que más incomoda: es ese estado mental que intencionalmente se aferra a los sentimientos de enojo, listo para ofenderse, capaz de estallar en ira en cualquier momento.

Detenete en esa palabra, intencionalmente. Nos gusta pensar la amargura como algo que nos pasó, un resultado inevitable de lo que nos hicieron. Pero el estudio la describe como un aferrarse: hay una mano que sostiene el enojo y decide no soltarlo. Y hay una señal clara de que está ahí: estar listo para ofenderse. La persona amargada tiene el gatillo liviano; cualquier comentario en la oficina, cualquier tono de tu pareja, cualquier chiste, ya viene cargado antes de llegar. Y lo que corroe no es el enojo de un día: es el que se sostiene.

Hoy medí una sola cosa: cuántas veces te ofendiste en el día. No quién tuvo la culpa. Cuántas veces. Ese número dice más que cualquier explicación que puedas dar de tu semana.

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