Devocional diario

16 de noviembre

Elogiá en público, corregí a solas

Corrige a tu hijo, te dará descanso, y dará alegría a tu alma.
Mishlei (Proverbios) 29:17

El padre contaba con lujo de detalles una ocasión del pasado en la que su hijo Teddy había demostrado gran sabiduría. Mientras hablaba, el niño le tiraba del pantalón. Cuando por fin el padre se agachó, molesto, el niño le susurró: «Papá, ese no era yo. ¡Era Billy!». Avergonzado frente a su amigo, lo tomó del brazo y lo llevó a la leñera. Todo el camino el niño repetía «papá, papá», y cuando el padre se detuvo a preguntarle qué quería, le dijo que estaba esperando que al día siguiente le pudiera contar a su amigo que no lo había castigado, aunque hubiera querido hacerlo.

La historia deja dos reglas, y las deja juntas. La primera es sobre la verdad: para elogiar o para reprender, tenés que estar seguro de que lo que decís es cierto. El elogio franco y sincero frente a otros edifica al niño; la mentira y la falsa adulación le fabrican una autoestima que no se sostiene. La segunda es sobre el lugar: la corrección en secreto le evita la humillación y le conserva la dignidad y el respeto por sí mismo, pero una reprimenda sin fundamento hace un daño enorme, por más que se diga a puertas cerradas.

Fijate cómo lo hacemos casi siempre al revés. Contamos en la mesa el papelón del chico y le decimos en privado lo orgullosos que estamos. Invertimos el orden y después nos extraña que el hijo se ponga a la defensiva delante de la gente. Proverbios dice que corregir al hijo da descanso y alegría al alma; no dice que dé espectáculo.

Hoy elogialo en público y corregilo a solas. Empezá por el elogio, y que sea verdad.

Este devocional sale deLos pañales de ayer