Devocional diario

16 de julio

El prejuicio cierra las puertas

Y se escandalizaban de él. Pero Yahshúa (Jesús) les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa.
Mathyahu (Mateo) 13:57

Yahshúa (Jesús) volvió a Nazaret, donde había pasado su niñez, probablemente a visitar a su familia, y aprovechó para ir a la sinagoga. Enseñó, y la gente se maravillaba, pero con una maravilla torcida: ¿de dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre Miryam, y sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros?

Creían conocer su origen. Conocían muy bien a la familia, el oficio del padre, los nombres de los hermanos, y con ese expediente completo concluyeron que de ahí no podía salir un profeta, menos el Mesías. No fue un defecto sólo de los nazarenos: es una falta humana. Y tuvo consecuencia, porque el texto la anota sin adornos: no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos. El prejuicio no les impidió tener razón sobre los datos; les impidió reconocer al Mesías que tenían adelante.

Este día se te aplica de los dos lados. Por un lado, vos también tenés gente archivada: el hermano que sabés cómo era hace diez años, el hijo del que ya decidiste qué va a ser, el que te cae mal y por eso no le oís nada. Mientras el expediente esté cerrado, lo que Elohim (Dios) quiera hacer por medio de esa persona no te va a llegar. Por el otro lado, si sos vos el archivado en tu propio pueblo, ya sabés que eso le pasó a Él primero. Nazaret tuvo al Mesías en su sinagoga y se quedó sin milagros por tener el expediente cerrado.

Hoy abrí un expediente. Elegí a una persona que tenés catalogada y escuchala sin la etiqueta puesta. Una conversación entera, hoy, sin usar lo que ya sabés de él.

Este devocional sale deMateo 13