Devocional diario
17 de diciembre
El silencio que lo asombró
Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió. Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? Pero Yahshúa (Jesús) no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho.
Los sacerdotes judíos no tenían autoridad para ejecutar a nadie: durante la ocupación romana sólo las autoridades romanas podían dictar condenas de muerte. Por eso, venida la mañana, los principales sacerdotes y los ancianos entraron en consejo, lo llevaron atado y lo entregaron a Poncio Pilato, el gobernador. Sabían que los cuestionamientos religiosos no le iban a importar, pero sí le iba a molestar que alguien se autodenominara «rey de los judíos». Esa fue exactamente la acusación que le armaron delante del tribunal.
Pilato le preguntó directamente si era cierto, y Yahshúa (Jesús) contestó apenas: «Tú lo dices». Después escuchó el lado de los religiosos. Y ahí vino lo que más sorprendió al gobernador romano: el acusado no se defendía. Bastaba con dar una explicación o una excusa y probablemente saldría libre. Sin embargo no dijo nada, y Mathyahu (Mateo) anota que el gobernador se maravillaba mucho.
¿Por qué no respondió, si Pilato podía exonerarlo? Porque el plan de YAHWEH (Jehová) era que muriera en la cruz a favor del mundo. Yahshúa (Jesús) se estaba entregando como el Cordero de YAHWEH (Jehová), y Yeshayah (Isaías) ya lo había descrito así: como cordero llevado al matadero, que enmudece y no abre su boca. Su silencio no fue debilidad ni resignación: fue obediencia con un objetivo claro. Tenía con qué responder, y eligió no usarlo.
Hay silencios que son cobardía y silencios que son fidelidad, y hay que saber cuál toca. Si estás en medio de una acusación injusta, preguntate si defenderte sirve al propósito de Elohim (Dios) o solamente a tu orgullo. Hoy elegí una discusión y no la contestes. No para tragarte la injusticia, sino para dejarle el asunto a Él.


