Devocional diario

17 de febrero

La luz fue a la orilla oscura

Cuando Yahshúa (Jesús) oyó que Yojanan (Juan) estaba preso, volvió a Galilea, y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí, para que se cumpliese lo dicho por el profeta Yeshayah (Isaías), cuando dijo: Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles; el pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció.
Mathyahu (Mateo) 4:12-16

Después de la inmersión y del ayuno de cuarenta días, Yahshúa (Jesús) volvió a Galilea para iniciar su ministerio. Uno supondría Jerusalén: era la capital, el centro religioso, la ciudad donde estaba el Templo, la que YAHWEH (Jehová) escogió para poner allí Su Nombre y donde proféticamente se establecerá el trono de su Reino en la Tierra. Pero se fue al norte, y Mathyahu (Mateo) da la razón: para que se cumpliera lo dicho por Yeshayah (Isaías) sobre la tierra de Zabulón y de Neftalí, Galilea de los gentiles, donde el pueblo asentado en tinieblas vería gran luz.

Galilea era tierra fértil junto al lago Kinneret, y por ahí pasaba la Via Maris, una de las rutas comerciales más importantes del tiempo bíblico, que conectaba Egipto con Babilonia. Siendo una región agrícola y comercial, no se caracterizaba por su espiritualidad: había tránsito continuo de gentiles y se habían asentado pueblos gentiles después de la invasión asiria. Al oeste del lago estaban las ciudades judías; al este, la Decápolis, las diez ciudades que Alejandro el Magno asignó a soldados fieles para implantar la cultura helénica. En esa zona habían vivido las tribus del norte, las llamadas «tribus perdidas», y por eso Yahshúa (Jesús) dijo que no era enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

Fijate dónde puso la sede: no donde la fe ya estaba organizada, sino donde estaba mezclada y a oscuras. La luz no se instala donde ya hay luz. Nosotros tendemos a lo contrario: buscamos el ambiente limpio, la gente que ya cree, la conversación cómoda.

Pensá en el lugar más «Galilea» de tu vida: el trabajo, la familia política, el grupo donde nadie comparte tu fe. Volvé ahí esta semana, y no vayas a discutir. Ir ya es la mitad del asunto.

Este devocional sale deMateo 4