Devocional diario
18 de febrero
Aldea de consuelo
Y descendió a Capernaúm, ciudad de Galilea. Y les enseñaba en los días de reposo; y se admiraban de su enseñanza porque su mensaje era con autoridad.
Durante su juventud Yahshúa (Jesús) vivió en Nazaret, un pueblo bastante poblado cerca del Valle de Jezreel. Cuando inició su ministerio se mudó a Capernaum, que era apenas una aldea de pescadores a orillas del Mar de Galilea, que en realidad es un lago. A simple vista el traslado parece un retroceso, pero el nombre ayuda a entenderlo: «Capernaum» viene del hebreo Kefar Nahum, que significa aldea de consuelo o de reposo. Y así fue: allí mucha gente encontró consuelo y reposo, y llegaba de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.
La razón de la mudanza la cuenta Lucas. En Nazaret, donde lo conocían y lo respetaban, le dieron la Haftará en un Shabat y leyó del libro de Yeshayah (Isaías): el Ruaj de YAHWEH (Jehová) está sobre mí, porque me ha ungido. Cerró el libro y dijo que ese día esa Escritura se había cumplido. Primero se maravillaron; después lo midieron con lo que creían saber, «¿no es éste el hijo de Yosef (José)?». Y cuando les explicó que ningún profeta es bien recibido en su propia tierra, se llenaron de ira, lo echaron de la ciudad y lo llevaron hasta la cumbre del monte para despeñarlo. Él pasó por medio de ellos y se fue.
Lo que sigue es lo que más enseña: no se quedó a probar quién era. Se fue a la aldea donde sí lo recibían y allí enseñaba con autoridad. Hay lugares donde tu don no va a ser recibido, y no siempre es culpa tuya ni hay que forzarlo.
Si venís insistiendo en un lugar que sólo te devuelve desprecio, dejá de empujar. Preguntale hoy a Elohim (Dios) dónde sí te está recibiendo, y llevá tu trabajo ahí.


