Devocional diario
18 de mayo
El borde del manto
Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré salva.
Ese mismo día hubo dos milagros más, y los dos involucraban mujeres. Un hombre principal llegó a decirle que su hija acababa de morir, y le pidió que fuera a poner la mano sobre ella. Yahshúa (Jesús) se levantó y lo siguió, y en el camino se le acercó por detrás una mujer que llevaba doce años enferma de flujo de sangre. Tocó el borde de su manto, convencida de que con eso bastaba.
Lo que tocó tiene nombre. Era el manto de oración, que en hebreo se conoce como Talit. Muchos judíos lo usaban para orar y también como abrigo, y le colocaban unos flecos tal como instruye la Biblia; esos flecos se llaman Tzitzit y sirven para recordar que hay que cumplir los mandamientos. Por la descripción de Mathyahu (Mateo), da la impresión de que la mujer tocó los flecos pensando que Él no lo notaría, porque no lo estaba tocando a él. Pero se volvió, la miró y le dijo: ten ánimo, hija, tu fe te ha salvado. Igual que con el paralítico, mencionó la fe. Tal vez quería dejar claro que la fuente de la sanidad no era el manto, sino la fe en el Señor. El Talit no tenía poder: tenía memoria, era un recordatorio de los mandamientos.
Ese detalle sigue haciendo falta. Siempre aparece el objeto: el pañuelo ungido, el agua, la pulserita, el asiento de siempre en la congregación. No hace falta ser supersticioso para caer: basta empezar a confiar en el medio y no en Aquel a quien el medio te acerca. Doce años buscando y la respuesta no estaba en la tela.
Revisá hoy de qué te estás agarrando y volvé a poner la confianza donde va. Pedile a Él, directo, sin intermediarios.


