Devocional diario
18 de julio
Confrontar a un rey con la Toráh
Y aunque Herodes quería matarlo, tenía miedo al pueblo, porque consideraban a Yojanan (Juan) como un profeta.
El Herodes que menciona este capítulo era uno de los hijos menores de Herodes el Grande, y uno de los pocos que sobrevivieron, porque el patriarca mandó matar a casi todos sus hijos por miedo a que lo destronaran. A éste se lo conocía como Antipas, y era tetrarca de Galilea y Perea. La familia provenía de Idumea, es decir de Edom, descendientes de Esaú; se habían convertido al judaísmo, pero no eran personas devotas: vivían como paganos. Eran influyentes y afines a los romanos, y por eso recibieron autoridad como gobernantes en la región.
Con ese cuadro se entiende el choque. Yojanan (Juan) confrontó a Herodes basándose en lo que está escrito en la Toráh, que prohíbe las relaciones íntimas entre parientes cercanos. No lo confrontó con su opinión ni con una lectura del carácter del rey: lo confrontó con el texto. Y Herodes no tomó bien el llamado de atención. Su primera reacción fue querer matar al profeta, y lo que lo frenó no fue la conciencia sino el cálculo: tenía miedo al pueblo, porque a Yojanan (Juan) lo consideraban un profeta.
Fijate las dos cosas que se aprenden. La primera: la fidelidad a YAHWEH (Jehová) no se hereda como el apellido. Herodes era judío de papeles y pagano de vida, y eso no es exclusivo de los Herodes. La segunda: cuando te toque señalar algo, hacelo como Yojanan (Juan), con lo que está escrito, no con lo que te parece. Es la única forma en que la corrección no termina en un choque de egos.
Hoy, antes de decirle algo a alguien sobre su vida, buscá el lugar de la Escritura en el que te estás apoyando. Si no lo encontrás, callate y seguí buscando.


