Devocional diario
19 de septiembre
Pedir la silla y no el vaso
Entonces Yahshúa (Jesús) respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos.
Entre los seguidores de Yahshúa (Jesús) había muchas mujeres. Una se llamaba Salomé y era madre de dos discípulos, Jacobo y Yojanan (Juan), de los primeros que Él llamó. Como acababa de hablar de la recompensa por haberlo dejado todo, ella se le acercó con sus hijos, se postró y pidió que en su reino los dos se sentaran uno a su derecha y otro a su izquierda. En la mesa de entonces se sentaban por orden de importancia: en la cabecera la autoridad, a la derecha el segundo, a la izquierda el que seguía.
O sea que el pedido era claro: que sus dos hijos fueran los más importantes del Reino después de Él. Es natural que una madre quiera lo mejor para sus hijos, y Yahshúa (Jesús) no la despreció. Hizo algo distinto: les dijo que no sabían lo que pedían, y en vez de contestarle sólo a ella, les preguntó a los hijos si podían beber de su vaso. Contestaron que sí, y Él confirmó que de su vaso beberían, aunque los lugares no eran suyos para darlos.
Y así fue, literalmente. Jacobo fue el primero de los discípulos en morir por su fe, a espada, por orden del rey Herodes. Yojanan (Juan) fue el último en morir, pero pasó una gran persecución: según la tradición fue obispo de Éfeso y terminó exiliado en la isla de Patmos, donde recibió la revelación. Pidieron la silla y recibieron el vaso, y en el Reino el vaso viene siempre antes que la silla.
Revisá lo que le venís pidiendo a Elohim (Dios) para vos o para tus hijos. Hoy agregale una línea a esa oración: pedí también fuerzas para el precio que tiene lo que estás pidiendo.


