Devocional diario

2 de enero

Por qué importa de dónde venís

No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él se congregarán los pueblos.
Bereshit (Génesis) 49:10

En la cultura hebrea la genealogía no era un trámite de herencia: era identidad y propósito familiar. Bereshit (Génesis) empieza con los linajes de toda la humanidad, los de Adán y los de Noé, y a partir del capítulo 12 se concentra en uno solo, el de Avraham (Abraham). Desde ahí la Escritura va aclarando, paso a paso, quién entra en el Pacto y quién queda afuera.

Al final de su vida, Jacob bendijo a sus hijos y profetizó el destino de cada linaje. Dijo que los reyes de Israel saldrían de Judá y que de ahí vendría también el Mesías; «Siloh» es una manera poética de nombrarlo. Siglos después, el primer rey de la tribu de Judá fue David, y al final de su reinado Elohim (Dios) le confirmó que el trono quedaría en su descendencia para siempre. Muchos leyeron esa promesa apuntando a Salomón, el hijo que heredó el trono, pero Salomón no cumplió todos sus puntos: el cumplimiento completo llega con Yahshúa (Jesús), descendiente de David, cuyo reino no tiene término.

Fijate el tamaño del plan. Una palabra dicha en un lecho de muerte, sostenida a lo largo de mil años, cumplida en un descendiente que ninguno de los que la escucharon alcanzó a ver. Cada uno de esos hombres vivió su tramo y lo entregó a la generación siguiente, sin llegar a ver el final de lo prometido.

Vos también estás en un tramo. No vas a ver todo lo que Elohim (Dios) está haciendo con tu casa, con tus hijos, con lo que estás sembrando hoy y no da señales. Pero lo que Él promete no se cae. Hacé tu parte con fidelidad y dejá el final en sus manos.

Este devocional sale deMateo 1