Devocional diario

2 de octubre

Llorar en vez de ofenderse

Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.
Lucas 19:41-42

Lucas cuenta que ese mismo día, al acercarse a Jerusalén y verla, Yahshúa (Jesús) lloró sobre ella. No lloró por lo que le iban a hacer a Él, sino por lo que la ciudad se estaba perdiendo. Y después profetizó lo que pasó cuarenta años más tarde: el cerco, el sitio, y que no quedaría piedra sobre piedra. En el año 70 el ejército romano destruyó la ciudad y el Templo que Herodes había embellecido.

Lo notable es cómo cargó el rechazo. Sabía que no todos lo iban a recibir y no se lo tomó como algo personal: entendía que los ojos de la mayoría habían sido tapados para que no pudieran reconocerlo, tal como lo explica Pablo en Romanos 11. Y sabía también que en su segunda venida todos lo reconocerán e Israel será salvo.

Ahí hay una diferencia que conviene aprender. El que se toma el rechazo como algo personal termina resentido; el que entiende los tiempos de Elohim (Dios) termina llorando por el otro. Pensá en la persona que no te quiere escuchar hablar de la fe: tu hermano, tu papá, el compañero de trabajo. La tentación es ofenderse, cerrar la puerta y decirse que ya cumpliste. Yahshúa (Jesús) hizo lo contrario: siguió mirando a la ciudad que lo iba a matar y lloró por lo que se estaba perdiendo. No suavizó lo que venía ni se hizo el distraído, pero tampoco se endureció.

La frase que usó fue «no conociste el tiempo de tu visitación». Hay momentos en que Elohim (Dios) pasa cerca y uno no se da cuenta. Pedí hoy dos cosas: ojos para no perderte el tuyo, y lágrimas en lugar de rencor por los que todavía no ven.

Este devocional sale deMateo 21