Devocional diario

2 de noviembre

La pecera que te derramaron

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo.
Efesios 2:4-5

El niño de ocho años entró al salón para su examen final tan nervioso que se orinó encima. Vio las gotas caer al piso y, al levantar la vista, descubrió que la maestra lo llamaba a su escritorio. No podía moverse sin quedar en evidencia. Entonces una compañera cruzó el salón con una pecera, tropezó frente a él y le volcó el agua encima. La maestra lo llevó apurada al baño a secarse, y él repetía por dentro: «Gracias, Dios, gracias, Dios». Después, para tapar mejor su vergüenza, le gritó «idiota» a la niña, y nadie quiso acercarse a ella en el recreo.

Al terminar la clase la niña caminaba sola hacia su casa. El niño la alcanzó y le preguntó si de verdad se había tropezado. Ella le contestó que no: vio lo que le había pasado, vio que la maestra venía hacia él, y corrió a buscar la pecera para que no fuera avergonzado. Eligió cargar con el desprecio de todo el salón para que él no cargara con el suyo.

Elohim (Dios) hace eso más seguido de lo que uno alcanza a ver. Muchas veces derramó la pecera encima de alguien que se había orinado en los pantalones, y ese alguien fuiste vos. Situaciones que en el momento no entendiste, que te parecieron un estorbo o una injusticia, eran el agua que tapaba lo que te iba a exponer. Así es su misericordia: rica, según Efesios, con nosotros todavía muertos en pecados. Y la Escritura insiste en eso: su misericordia es eterna, grande hasta los cielos. No es un rasgo ocasional de su carácter, es su manera de tratarnos.

Repasá hoy una sola escena de tu historia que te dio rabia cuando pasó y que hoy ves de otro modo. Agradecele por esa pecera antes de pedirle nada más.

Este devocional sale deLos pañales de ayer