Devocional diario
2 de marzo
Llorá donde hay consuelo
Dichosos…los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
La segunda bienaventuranza vuelve a sorprender: dichosos los que lloran. No está elogiando el dolor. Está diciendo que llorar es exactamente lo que hay que hacer cuando duele. El mundo llama fuerte al que no llora, y lo único que se gana así es cargar más peso del que el alma puede sostener.
Cuando llega el dolor hay que llorar, y hay un lugar donde llorarlo. Si llevamos ese dolor a los pies de YAHWEH (Jehová), Él sana el alma, le da sentido a lo que no lo tenía y ayuda a pasar la prueba con gracia. David lo entendió antes que nadie. Nunca dudó en llorar delante de YAHWEH (Jehová) porque sabía dónde estaba el consuelo: «todas las noches inundo de llanto mi lecho», y el mismo salmo termina diciendo que YAHWEH (Jehová) oyó la voz de su lloro.
Hay otro llanto que también consuela: el del arrepentimiento, el que llega cuando reconocés que le fallaste. Shaul (Pablo) distingue los dos con cuidado. La tristeza conforme a la voluntad de YAHWEH (Jehová) produce arrepentimiento y conduce a la salvación, sin dejar pesar; la tristeza del mundo produce muerte. Una te devuelve a Él; la otra te hunde solo. Y el consuelo del arrepentido no viene sólo por el perdón: viene también por la lección aprendida, que es lo que Yeshayah (Isaías) 30 le promete a un pueblo que llora.
Si vas cargando algo desde hace meses con la mandíbula apretada, hoy dejalo salir, y no delante de un espejo ni delante de gente que te va a medir: delante de Él. Contale lo que pasó, sin resumirlo para quedar bien, y pedile el consuelo que promete el versículo. Para eso está puesta la promesa.


