Devocional diario
2 de agosto
La suciedad que nace adentro
Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entended: No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.
Yahshúa (Jesús) llamó a la multitud y fue al meollo del asunto: si tanto nos importa la contaminación, lo que más debería preocuparnos es el corazón. No lo que entra en la boca contamina al hombre, dijo, sino lo que sale de ella. Los discípulos tampoco lo entendieron. Kefa (Pedro) le pidió que les explicara la parábola, porque no sabían si hablaba del lavamiento de manos o del tipo de comida.
La explicación fue directa. Lo que entra en la boca va al vientre y termina en la letrina; lo que sale de la boca viene del corazón, y de ahí salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Comer con las manos sin lavar no contamina a nadie. La contaminación grave no es la física sino la espiritual, y nace adentro. Muchas veces no entendemos la Palabra porque la leemos a través de los lentes de nuestros paradigmas.
A los discípulos les quedó otra preocupación: fueron a avisarle que los fariseos se habían ofendido con esa palabra, como dudando de si Él se había dado cuenta. Sí se había dado cuenta. Les habló fuerte a propósito, para abrirles los ojos a los suyos, y contestó que toda planta que no plantó su Padre celestial será desarraigada, y que a esos había que dejarlos, porque son ciegos guías de ciegos y los dos caen en el hoyo.
Eso te deja una tarea incómoda. Es más fácil administrar lo de afuera: lo que comés, lo que mirás, la ropa, los horarios. Pero lo que sale de tu boca en la mesa, en el grupo de mensajes, cuando alguien te contradice, es el informe de lo que hay adentro. Hoy no te pongas una regla nueva: escuchate un día entero, y lo que te salga sin pensar llevalo a Elohim (Dios) en oración.


