Devocional diario
22 de marzo
El ayuno no es una palanca
Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
El segundo ejemplo es el ayuno, y el primer error que señala es el mismo de la limosna. Los hipócritas demudaban el rostro para mostrar a los hombres que ayunaban; se les notaba a propósito. Yahshúa (Jesús) manda lo contrario: ungite la cabeza y lavate la cara, o sea, arreglate como cualquier otro día, para que nadie lo sepa salvo el Padre.
Y hay un segundo error, más de fondo. El ayuno no sirve para sacarle a YAHWEH (Jehová) lo que queremos ni para que Él haga nuestra voluntad. Es un ejercicio espiritual, un acto de humildad para buscar la voluntad de Él. Cuando se usa como palanca deja de ser ayuno y pasa a ser trámite. Yeshayah (Isaías) 58 recoge el reclamo de un pueblo que ayunaba y no veía respuesta, y la contestación fue incómoda: en el día de su ayuno buscaban su propio gusto y oprimían a todos sus trabajadores.
Ese es el punto que duele. Al que ayunaba y seguía apretando al que trabajaba para él, YAHWEH (Jehová) le dijo que ese no era el ayuno que Él escogió. El que Él escoge es otro: desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, dejar ir libres a los quebrantados, romper todo yugo. Y les preguntó si a eso le llamaban ayuno: afligir el alma un día, inclinar la cabeza como junco, hacer cama de cilicio y de ceniza. La postura estaba bien y el corazón no. El ayuno que no cambia cómo tratás a la gente no llega a ninguna parte.
Si vas a ayunar, empezá al revés: soltá hoy una carga que le estás poniendo a alguien. Y no lo cuentes, ni siquiera como ejemplo.


