Devocional diario

23 de octubre

Del debate a la enseñanza

Arranca hoy el estudio de Mathyahu (Mateo) 23, y el momento en que ocurre importa tanto como el contenido. Viene de una tanda de preguntas capciosas: los fariseos con el tributo, los saduceos con la resurrección, un intérprete de la ley con el gran mandamiento. Todas armadas para hacerlo caer. Cuando se termina el interrogatorio, Yahshúa (Jesús) no sigue debatiendo.

Lo que hace es girar. Se voltea hacia sus discípulos y hacia la gente que lo seguía, y aprovecha el momento para expresarles abiertamente su opinión sobre el liderazgo religioso de ese tiempo. Es el capítulo más duro que le vas a leer sobre un grupo de personas, y conviene saber de entrada que no es una descarga: es una enseñanza, dicha frente a los que iban a quedarse caminando cuando Él ya no estuviera.

Por eso hay una manera de leerlo mal, y es la más fácil: usarlo como lista de defectos ajenos. Todos tenemos a mano a alguien en quien calzan estas palabras, y si lo leés así, el capítulo entero se te va a ir en señalar hacia afuera y no te vas a llevar nada. Los que se sentaron a escucharlo ese día no eran los acusados: eran gente común, como vos y como yo. La palabra fue dicha para ellos, y sirve en la medida en que uno se anime a quedar adentro del cuadro.

Va a hablar de asientos de honor, de títulos, de ropa religiosa, de cargas puestas sobre los hombros de otros. Todo eso tiene versión doméstica, y ahí es donde te va a tocar. Empezá el estudio con una sola decisión tomada: cada vez que reconozcas a alguien en el texto, buscate a vos primero.

Este devocional sale deMateo 23