Devocional diario
23 de noviembre
Aprendé a leer la higuera
Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.
Yahshúa (Jesús) enseña una parábola corta: de la higuera aprended. Cuando ya su rama está tierna y brotan las hojas, sabés que el verano está cerca; así también, cuando vean todas estas cosas, conozcan que está cerca, a las puertas. Y agrega que no pasará esa generación hasta que todo esto acontezca. La higuera no se lee con un calendario en la mano: se lee mirando la rama. Y para mirar la rama hay que estar cerca del árbol, que es otra manera de decir que hay que estar atento.
Y justo después de decir que está cerca, a las puertas, cierra la puerta a las cuentas: del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo su Padre. Las dos frases van juntas, y hay que sostenerlas juntas. Podés saber que está cerca sin saber cuándo. Es exactamente lo que hace un agricultor: mira el árbol, entiende la estación, y no le pone fecha al primer día de verano.
El que quiere fecha no quiere estar preparado; quiere saber cuánto puede demorar. Es la misma lógica del que ordena la casa quince minutos antes de que lleguen los invitados: si sabés la hora, administrás la desprolijidad. Por eso Él dio señales y se guardó el día. No saber la fecha no es un castigo: es lo que te mantiene listo todos los días en lugar de uno solo. Ni los ángeles saben la fecha, así que la humildad no es opcional: nadie de este lado tiene ese dato.
Revisá hoy una cosa que estás postergando porque calculás que todavía hay tiempo. Una conversación, un perdón, un trámite. Hacela hoy, sin esperar la fecha que no te van a dar.


