Devocional diario
23 de diciembre
El camino quedó abierto
Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.
A la misma hora en que el sumo sacerdote sacrificaba el último cordero de la Pascua —la novena hora, las tres de la tarde—, Yahshúa (Jesús) entregó su espíritu. Y en ese momento pasaron varias cosas a la vez: el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló; las rocas se partieron; se abrieron los sepulcros y muchos cuerpos de santos se levantaron y, después de la resurrección de Él, aparecieron a muchos en la santa ciudad.
La resurrección de esos muertos fue un milagro asombroso y revelador, porque apunta al poder de vida que trae su muerte. Pero el más significativo fue el velo. Que se rasgara representa el camino que quedó abierto para regresar a la presencia de YAHWEH (Jehová), cerrado desde el pecado del hombre en el jardín del Edén. Hebreos lo explica así: tenemos libertad para entrar en el Lugar Santísimo por un camino nuevo y vivo, que es su carne.
Y el perdón no quedó reservado para el pueblo judío: alcanza a toda la humanidad, a todo aquel que crea. El ejemplo lo pone Mathyahu (Mateo) en el lugar menos esperado. El centurión romano que estaba de guardia, al ver el terremoto y las cosas que habían sido hechas, temió en gran manera y dijo que verdaderamente ése era Hijo de YAHWEH (Jehová). No lo confesó un sacerdote ni un discípulo, sino un soldado del ejército que acababa de ejecutarlo.
El velo no lo rompió nadie desde abajo: se rasgó de arriba abajo, y no hay que volver a coserlo por cuenta propia. Acercate hoy sin intermediarios y sin trámites. Si venías esperando estar más limpio para orar, orá igual, ahora mismo.


