Devocional diario
23 de agosto
La voz que sale de la nube
Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.
Al ver la visión en el monte, Kefa (Pedro) creyó que había llegado el cumplimiento de la Fiesta de Tabernáculos, la que apunta al milenio de paz que traerá el Mesías. Por eso propuso hacer tres enramadas: una para Yahshúa (Jesús), otra para Moisés y otra para Eliyah (Elías). En esa fiesta el pueblo está instruido a levantar tabernáculos, que son habitaciones temporales, y en la tradición judía cada uno de los ocho días bajo la enramada se invita simbólicamente a un personaje bíblico: Avraham (Abraham), Isaac, Jacob, Yosef (José), Moisés, Aarón y David. Su lectura tenía lógica; sólo que no era la ocasión, porque ese cumplimiento será en la segunda venida.
Mientras hablaba, una nube de luz los cubrió y se oyó la voz: este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia, a él oíd. El Padre mismo dio testimonio de quién era Yahshúa (Jesús), con palabras atadas a una profecía mesiánica de Yeshayah (Isaías) sobre el siervo escogido en quien su alma tiene contentamiento. Los discípulos reaccionaron como los israelitas en el Sinaí: se postraron con gran temor, y Él tuvo que acercarse, tocarlos y decirles que se levantaran y no temieran. Cuando alzaron los ojos, a nadie vieron sino a Yahshúa (Jesús) solo.
Quedate con la instrucción, que es de tres palabras: a él oíd. Kefa (Pedro) estaba organizando la escena, repartiendo enramadas, haciendo algo bueno con las manos. Lo que se le pidió fue callarse y escuchar. Muchas veces nuestra actividad religiosa es una manera elegante de no oír. Después Kefa (Pedro) escribió que tenemos la palabra profética más segura, y que hacemos bien en estar atentos a ella como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro.
Hoy dejá de proponerle planes a Elohim (Dios) por un rato. Leé un capítulo despacio y no anotes nada hasta terminarlo.


