Devocional diario
24 de enero
El llanto que ya estaba escrito
Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos.
Con esos antecedentes, lo que hizo Herodes no sorprende. Llamó en secreto a los sabios, les indagó con diligencia el tiempo de la aparición de la estrella y los mandó a Belén con un encargo amable: averigüen bien y avísenme, para que yo también vaya y le adore. Los sabios no lo conocían ni imaginaban sus malas intenciones, pero YAHWEH (Jehová) se las reveló en sueños y regresaron a su tierra por otro camino. Cuando Herodes se vio burlado, mandó matar a todos los niños menores de dos años de Belén y sus alrededores.
Mathyahu (Mateo) señala que aun ese hecho trágico tiene resonancia con la profecía: voz fue oída en Ramá, grande lamentación, Raquel que llora a sus hijos y no quiso ser consolada. Yirmeyah (Jeremías) hablaba de dos cosas. Raquel, la esposa amada de Jacob, murió viajando hacia Belén y fue enterrada en Efrata, la única de esa familia fuera de Hebrón; su tumba quedó como señal profética. Y Ramá fue donde los babilonios reunieron a los judíos que iban al cautiverio, un lugar de lloro y lamento, en el territorio de Benjamín, el hijo de Raquel. No lo cita como cumplimiento mesiánico, sino porque le resonó ese llanto antiguo con el de los padres de Belén.
Eso deja algo raro y honesto a la vez. La Escritura no maquilla la tragedia ni la explica del todo. Le da un lugar, le presta un llanto ya conocido, y sigue. Hay dolores en tu historia que no van a tener explicación satisfactoria, y no por eso quedan fuera del texto.
Si hoy cargás una pérdida sin respuesta, no la ordenes ni la justifiques. Decila delante de Elohim (Dios) tal como es. El llanto también está escrito.


