Devocional diario
24 de octubre
A quién le estaba hablando
Antes de mirar lo que dijo, mirá a quién se lo dijo. Yahshúa (Jesús) acababa de salir de un cruce de preguntas capciosas con fariseos y saduceos. Tenía a los que lo interrogaban justo enfrente y era el momento perfecto para contestarles en la cara. No lo hizo. Se volvió hacia sus discípulos y hacia la gente que lo seguía, y a ellos les habló del liderazgo religioso de ese tiempo.
Ese giro cambia el género de lo que viene. No es una acusación dirigida a los acusados: es una advertencia dada a los que se quedan. La diferencia es enorme. Una acusación busca que el otro reconozca su falta; una advertencia busca que el que escucha no se lastime. Yahshúa (Jesús) eligió lo segundo, sabiendo que esa gente iba a seguir yendo a la sinagoga cuando Él ya no estuviera ahí para acompañarlos.
Traelo a tu vida, porque el riesgo sigue vigente. Vos también apoyás tu fe en personas: un pastor, un maestro, el que dirige la célula, un tío que te enseñó a orar. Está bien que sea así, aprendemos de otros. El problema empieza cuando esa persona se vuelve el piso, cuando lo que sostiene tu confianza no es lo que dice la Palabra sino lo que dice ese hombre. Y los hombres fallan; algunos fallan mucho. Cuando eso pasa, el que apoyó todo ahí se queda sin piso.
Fijate que Él no les dijo que se fueran ni que no escucharan a nadie. Les dijo dónde no apoyarse. Revisá hoy una convicción que tenés y preguntate de dónde la sacaste: si viene de alguien, andá al texto y comprobala. Lo que verificaste vos no se cae cuando se cae el que te lo enseñó.


