Devocional diario
24 de mayo
Los obreros salen de la oración
Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.
El capítulo nueve termina con una oración de Yahshúa (Jesús): rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Y el capítulo diez empieza con el Señor escogiendo a esos obreros. Las dos cosas están pegadas, una atrás de la otra, y ese orden es todo el asunto de hoy. La oración se hizo, y la respuesta no bajó del cielo en forma de suceso: apareció en forma de doce personas llamadas por nombre. La mies era la misma que Él acababa de mirar con compasión, y la falta que señaló no era de campo sino de obreros.
Vale detenerse en eso, porque cambia el modo de orar. Cuando Él manda a pedir obreros, no está pidiendo que le informemos de un problema que no conoce. Está enseñando a mirar la mies antes de mirar la falta de gente, y está avisando de dónde va a venir la solución. El Señor de la mies es el que envía; los obreros son suyos, no nuestros. Pero el modo en que Él responde esa oración es humano, concreto y con cara: alguien se levanta de su trabajo y va.
Eso tiene una consecuencia que a veces preferimos no sacar. Cuando pedimos que Elohim (Dios) mande alguien a la casa de al lado, al barrio, al aula, a ese grupo que nadie atiende, estamos quedando disponibles para ser la respuesta. Es fácil orar por obreros y esperar que llegue un especialista de afuera. En el texto, los que oyeron la oración fueron los enviados: escucharon el pedido un día y al otro estaban en la lista.
Hacé hoy esa oración completa: pedile que envíe obreros y decile que estás disponible. Y después quedate quieto y escuchá.


