Devocional diario
24 de agosto
Ya vino y no lo conocieron
He aquí, yo os envío el profeta Eliyah (Elías), antes que venga el día de YAHWEH (Jehová), grande y terrible.
Los discípulos conocían la profecía referente a Eliyah (Elías) y le preguntaron por qué los escribas decían que era necesario que él viniera primero. No era algo que los escribas se hubieran inventado: lo enseñaban apoyados en Malaji (Malaquías), donde YAHWEH (Jehová) de los ejércitos anuncia que envía su mensajero a preparar el camino, y que vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien buscan, el ángel del pacto a quien desean. En el capítulo siguiente, el mismo profeta identifica a ese mensajero: Eliyah (Elías), enviado antes del día grande y terrible. Por eso los rabinos lo esperaban antes que al Mesías.
Yahshúa (Jesús) entendió la pregunta y les contestó sin discutir la profecía: a la verdad, Elías viene primero y restaurará todas las cosas. Pero agregó algo que los descolocó: Eliyah (Elías) ya vino y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron, y así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Yojanan (Juan) el Bautista. La señal que estaban esperando ya había pasado por delante de ellos, la habían visto, y no la reconocieron.
Ese es el riesgo de tener la expectativa demasiado dibujada. Los rabinos tenían el dato correcto y se les escapó el cumplimiento porque no venía con el formato previsto. A vos te puede pasar igual. Pedís dirección y la respuesta llega como un consejo incómodo de alguien que no te cae bien; pedís provisión y llega como un trabajo más humilde del que tenías; pedís compañía y llega una persona que no hubieras elegido.
Repasá hoy lo que vino esta semana y no te gustó. Preguntale a Él si ahí estaba la respuesta que pediste.


