Devocional diario
26 de octubre
Filacterias extra grandes
Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí.
Yahshúa (Jesús) va a la raíz del problema: hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Y da ejemplos concretos. Ensanchan sus filacterias, extienden los flecos de sus mantos, aman los primeros asientos en las cenas y las primeras sillas en las sinagogas, los saludos en las plazas y que la gente los llame Rabí.
Hay que saber qué son esas cosas para ver dónde está el problema. Las filacterias son cajitas que contienen el Shemá, el mandato de amar a YAHWEH (Jehová) y guardar sus mandamientos que está en Devarim (Deuteronomio) 6:4-9, y se amarran a los brazos durante la oración diaria. Son pequeñas; algunos religiosos las hacían extra grandes para que todos las vieran. Los flecos, el Tzitzit, se colocan en el manto de oración como recordatorio de los mandamientos, según Bamidbar (Números) 15:38-40. Lo que Yahshúa (Jesús) critica no son los flecos ni las cajitas: es la intención de quien los usa para ganarse el reconocimiento de los hombres en lugar de quedar bien con YAHWEH (Jehová).
Eso incomoda porque nos deja sin escondite. No se arregla cambiando de objeto: el mismo gesto sirve para adorar o para posar, y desde afuera no se distingue. La foto de la Biblia abierta, el comentario espiritual en el grupo, la oración más larga cuando hay gente, el diezmo mencionado como al pasar. Ninguna de esas cosas es mala; la pregunta es para quién la estás haciendo, y esa la contestás sólo vos.
Y notá para qué lo dijo: no para hacer quedar mal a nadie, sino en favor de sus discípulos. Hoy hacé una cosa buena que nadie va a saber. Sin contarla. Eso te va a mostrar rápido dónde estás parado.


