Devocional diario
26 de febrero
Un sacerdote que no se releva
El Señor ha hecho un juramento y no romperá su promesa: «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Tzedek (Melquisedec)».
El estudio sigue la línea de tiempo y llega a la cruz. Yahshúa (Jesús) apareció, le dio la correcta interpretación a la ley —como se vio en el estudio del Evangelio de Mathyahu (Mateo)— y al morir hizo también un cambio sacerdotal. Acordate del detalle: Yojanan (Juan) el Bautista era legítimo sacerdote levita, y Yahshúa (Jesús) se sometió a él aunque Yojanan (Juan) no quería; después Yojanan (Juan) menguaría para darle paso, porque Yahshúa (Jesús) es del orden de Melki-Tzedek (Melquisedec). Eso no lo improvisó nadie: el juramento del Tehillim (Salmo) ya estaba escrito.
Hebreos desarrolla lo que significa. Mientras estuvo en la tierra, Yahshúa (Jesús) ofreció oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía rescatarlo de la muerte; aunque era Hijo de YAHWEH (Jehová), aprendió obediencia por las cosas que sufrió, y así fue hecho apto para ser el Sumo Sacerdote perfecto y fuente de salvación eterna para todos los que le obedecen. Y sigue la consecuencia legal: si se cambia el sacerdocio, se cambia la ley para permitirlo. La ley nombraba sumos sacerdotes limitados por debilidades humanas; después YAHWEH (Jehová) nombró a su Hijo mediante un juramento.
Detenete en la diferencia práctica. Un sacerdote levita se moría y había que reemplazarlo: el trámite se repetía y el que te representaba cambiaba de cara cada tanto. El sacerdote de este otro orden no se releva. El que te representa hoy es el mismo que te va a representar en veinte años, y aprendió obediencia sufriendo, así que sabe de qué está hecho lo que traés.
No busques hoy un intermediario mejor. Llevale directamente a Él eso que venías guardando para contárselo a alguien con más autoridad. No hay alguien con más autoridad.


