Devocional diario

27 de abril

Lobos con vestido de oveja

Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
Mathyahu (Mateo) 7:15

El problema del falso profeta es que parece bueno y no lo es. Aparenta ser uno más del pueblo cuando en realidad quiere aprovecharse de él. La Toráh ya había definido el caso, y el criterio sorprende: Devarim (Deuteronomio) 13 admite que la señal o el prodigio anunciado se cumpla. Aun así, si su mensaje lleva a andar tras dioses ajenos, no hay que darle oído. El milagro no valida el mensaje.

El patrón se repite en toda la Escritura. Cuando el pueblo se desviaba, YAHWEH (Jehová) enviaba profetas a llamarlo al arrepentimiento, y al mismo tiempo se levantaban falsos profetas que decían lo que la gente quería oír. Los falsos anunciaban «paz, paz»: no les va a pasar nada, son hijos de YAHWEH (Jehová). El verdadero decía lo contrario, que no habría paz sin arrepentimiento. Y como mucha gente prefiere la mentira dulce a la realidad amarga, muchos caen en la trampa.

Lo que roba el falso profeta es concreto: la oportunidad de rectificar. Adonay (Señor) siempre la da; el que te hace creer que todo está bien cuando no lo está te la quita. Por eso el estudio deja dos filtros a mano. El primero es la Palabra: si lo que enseña va contra la Biblia, queda a la vista. El segundo lo dio Yahshúa (Jesús): por sus frutos los conoceréis, y los frutos se ven con el tiempo. Y hay un engaño más fino todavía, que no viene del que enseña mal sino del que hace señales. Muchos le dirán aquel día que profetizaron, echaron demonios e hicieron milagros en su nombre, y les responderá que nunca los conoció. La palabra que ahí se traduce «maldad» es, en griego, Anomia: sin ley, sin Toráh.

Aplicá hoy el primer filtro a lo que vos escuchás, no a lo que escuchan otros. Abrí la Biblia y verificá una sola enseñanza que aceptaste sin revisar.

Este devocional sale deMateo 7