Devocional diario

27 de junio

La pregunta que partió al pueblo

El estudio abre la segunda mitad del capítulo doce con una pregunta como título: ¿será éste el Hijo de David? No es un detalle de redacción. Es exactamente la pregunta que quedó dando vueltas entre la gente que veía lo que Yahshúa (Jesús) hacía, y es la pregunta que va a partir en dos al pueblo en las escenas que vienen.

El capítulo ya viene cargado: la discusión por las espigas, el hombre de la mano seca, el consejo de los fariseos para destruirlo. Y justo ahí, cuando el rechazo de los líderes está declarado, la gente común empieza a sospechar lo contrario. «Hijo de David» no era un elogio genérico: era un título mesiánico. Estaba profetizado que el Mesías vendría de ese linaje, y llamarlo así equivalía a decir que el Rey esperado durante siglos estaba ahí, hablando. Por eso la pregunta no se podía dejar abierta mucho tiempo.

Cada uno de los que la escucharon iba a tener que responderla, y la respuesta traía consecuencias: para los líderes religiosos, perder su lugar; para la gente sencilla, cambiar de vida. Ahí está lo que te toca. Es posible pasar años dando vueltas alrededor de esa pregunta sin contestarla: admirar lo que Él hace, agradecer el milagro, hablar bien de Él, y no haber decidido nunca quién es. La pregunta no se responde con una opinión sobre Yahshúa (Jesús) ni con la frase que se dice en la reunión: se responde con lo que hacés después de haberla contestado.

Hoy contestala vos, en voz alta y con tus palabras. Quién es Él para vos, hoy, no en general. Y después fijate qué cambia en tu día por haberlo dicho en serio.

Este devocional sale deMateo 12