Devocional diario
27 de agosto
Quién será la mano derecha
Después de haber confirmado que Yahshúa (Jesús) era el Mesías, la mente de los discípulos comenzó a volar. Si el Mesías estaba ahí, entonces había un reino por armarse, y en todo reino hay puestos. Se pusieron a preguntarse quién de los doce sería nominado como la mano derecha. Probablemente se pelearon entre ellos por ese primer lugar, por ser la mano derecha del Mesías. Y como todos sabían que la última palabra la tendría Él, terminaron preguntándole directamente.
Es una escena para sonreír y para incomodarse. La revelación más grande que habían recibido en su vida les duró poco antes de convertirse en un tema de escalafón. No se volvieron malos: se volvieron humanos. Lo primero que hicieron con la verdad que se les había dado fue medir cómo los ubicaba respecto de los otros once. Y fijate el detalle que los delata: tuvieron que preguntárselo a Él, porque en el fondo sabían que la respuesta no iba a ser la que estaban esperando.
El capítulo que empieza es esa respuesta, y no va para donde ellos suponían. En lugar de un organigrama les va a hablar de niños, de ovejas que se pierden, de cómo se resuelve un conflicto entre hermanos y de cuántas veces hay que perdonar. Es decir: les contesta la pregunta del poder con una enseñanza sobre el cuidado. Quien manda, en el Reino, es el que carga; y eso no se reparte en una lista de puestos ni se gana discutiendo quién llegó primero.
Antes de empezar a leerlo, revisá una cosa tuya. Pensá en el último lugar donde te reconocieron algo —en tu casa, en el trabajo, en la congregación— y preguntate si lo usaste para servir a alguien o para ubicarte por encima de alguien.


