Devocional diario

28 de marzo

Perdonado en la medida que perdonás

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
Mathyahu (Mateo) 6:14-15

La segunda petición personal es pedir perdón por nuestras faltas, y su punto de partida es realista: por más que intentemos ser hijos obedientes, no somos perfectos y fallamos. Gracias a su misericordia hay perdón y hay restauración, que no es lo mismo. El perdón borra la deuda; la restauración vuelve a poner la relación en pie.

Pero Yahshúa (Jesús) aprovecha la petición para enseñar algo que no deja salida. También nosotros debemos perdonar a quien nos ofendió, siguiendo el ejemplo del Padre, y lo dice con una condición explícita: si perdonás, el Padre te perdona; si no perdonás, tampoco. No es una amenaza suelta, es la misma medida aplicada en los dos sentidos. Quien pide que le borren la deuda y sale a cobrar la ajena no entendió lo que recibió.

Shaul (Pablo) lo entendió, y por eso escribió una lista concreta de lo que hay que soltar: toda amargura, arrebato de cólera, ira, imposiciones violentas, calumnias, todo rencor. Y qué poner en su lugar: ser benignos unos con otros, de corazón tierno, perdonándose el uno al otro así como Elohim (Dios) los perdonó en el Mashíaj. Leé esa lista despacio y fijate cuál de esas palabras describe lo que llevás adentro por alguien. Porque no es un catálogo de personas difíciles: es un inventario de lo que se te queda adentro cuando no perdonás. La amargura no castiga al que te falló; te ocupa a vos, todos los días, sin cobrarle nada a nadie.

Hoy no te pido que llames a esa persona. Te pido algo más chico: dejá de cobrarle en tu cabeza. Decile a Él que le perdonás la deuda, y después andá a pedir la tuya.

Este devocional sale deMateo 6