Devocional diario
3 de diciembre
El Cordero en su propia mesa
Y mientras comían, tomó Yahshúa (Jesús) el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.
El último día de Yahshúa (Jesús) antes de su muerte era muy especial para Él. Al caer la noche de ese 14 de Nisán iban a celebrar la Pascua, la fiesta que Israel guarda desde que fue liberado de la esclavitud en Egipto, por invitación del Señor. Yahshúa (Jesús) instruyó a sus discípulos sobre los preparativos y les dijo cuánto había deseado comer esa Pascua con ellos antes de padecer.
Los elementos eran los mismos de siempre: pan sin levadura, hierbas amargas, vino y cordero. Lo distinto fue lo que Él explicó. Esa noche no sólo iban a comer el cordero y recordar una fecha histórica: les reveló que Él era el Cordero de YAHWEH (Jehová) que iba a dar su vida para salvación del mundo. El pan partido era su cuerpo; la copa, su sangre del nuevo pacto, derramada para remisión de los pecados.
Pensá en lo que eso significa para una fiesta de siglos. La Pascua nunca había sido un trámite vacío, pero ahora quedaba claro hacia dónde apuntaba desde el principio. La liberación de Egipto era la figura, y el Cordero estaba sentado a la mesa explicándola con el pan en la mano. Les dijo además que no volvería a beber del fruto de la vid hasta el reino de YAHWEH (Jehová).
Vos también tenés cosas que hacés desde siempre y de las que quizá perdiste el sentido: la oración antes de comer, la lectura del domingo, el canto que repetís sin escuchar. No las abandones; preguntale a Él qué señalan. Casi nunca el problema es la costumbre: es que dejamos de mirar hacia dónde apunta. Elegí hoy una de esas costumbres y volvé a hacerla sabiendo por qué.


