Devocional diario
3 de mayo
Lo que cuesta subir a esa barca
Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. Yahshúa (Jesús) le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.
Cuando se corrió la noticia de que Yahshúa (Jesús) sanaba, la gente empezó a buscarlo en Capernaúm a toda hora. Pero él también necesitaba tiempo a solas para orar y para enseñar a sus discípulos cercanos, así que planeó cruzar al otro lado del Lago de Genesaret, también conocido como Mar de Galilea. En ese viaje sólo lo iban a acompañar sus discípulos. Varios trataron de sumarse, y en lugar de animarlos, más bien parecía que los estaba disuadiendo.
A un escriba que se ofreció a seguirlo a cualquier parte le contestó que las zorras tienen guarida y las aves nido, pero que el Hijo del Hombre no tenía dónde recostar la cabeza. A otro que pidió permiso para ir primero a enterrar a su padre le dijo que lo siguiera y dejara que los muertos enterraran a sus muertos. No estaba siendo cruel: estaba dejando claro que ser su discípulo conlleva sacrificios. Hay un costo material, y hay muchos beneficios espirituales. Quien lo aprecia y lo valora sabe que nada se compara con seguir al Señor.
Conviene decirlo así, sin adornos, porque se predica poco. Seguirlo cambia cómo gastás, qué aceptás y a qué le decís no. Va a haber un domingo en que preferirías dormir, una amistad que se enfría, un negocio que no vas a hacer. Y fijate que ninguno de los que quedaron en la orilla estaba pidiendo algo malo: uno se ofreció a seguirlo a cualquier parte y el otro quería enterrar a su padre. Las dos cosas eran razonables. Lo que no entraba era la palabra «primero». Los que cruzaron en esa barca fueron los que lo habían dejado todo.
Nombrá hoy, en concreto, la cosa que te está costando seguirlo. No la negocies ni la disimules: ponela delante de Él tal como es, con una palabra y sin discurso.


