Devocional diario
3 de agosto
Poné a los tuyos a sus pies
Pasó Yahshúa (Jesús) de allí y vino junto al mar de Galilea; y subiendo al monte, se sentó allí. Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; los pusieron a los pies de Yahshúa (Jesús), y los sanó.
Cuando Yahshúa (Jesús) volvió a Galilea, subió al monte junto al mar y se sentó. Enseguida lo buscaron de nuevo las multitudes. Mathyahu (Mateo) anota el detalle de cómo llegaron los enfermos: gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos y otros muchos, y los ponía a sus pies. No dice que los enfermos llegaron solos. Alguien los cargó, alguien los acompañó, alguien hizo el camino por ellos.
Y los sanó a muchos. La multitud se maravillaba de ver a los mudos hablar, a los mancos sanados, a los cojos andar y a los ciegos ver, y glorificaba al YAHWEH (Jehová) de Israel. Fijate dónde termina la escena: no en el aplauso al que sana, sino en la gloria al Elohim (Dios) de Israel. El milagro hizo exactamente lo que tenía que hacer, que es señalar hacia arriba y no quedarse en el medio.
En esa escena hay un lugar para vos que casi nunca reclamamos: el de los que cargaron. Hay gente cerca tuyo que no puede llegar sola. Un familiar que hace años no entra a una reunión, un compañero que ya no cree que valga la pena pedir, alguien en tu casa que está demasiado cansado para buscar nada. A esa persona no le sirve que le expliques doctrina, ni que le mandes el enlace de una predicación. Le sirve que alguien la lleve y se quede al lado. Y fijate dónde la dejaron los que cargaron: a los pies de Él, no en sus propias manos. Cargar no es resolver; es llevar hasta Él y soltar ahí. Esos no aparecen en el texto por nombre, y sin ellos no había escena.
Pensá en un solo nombre y hacete cargo del traslado esta semana. Llevalo en oración con nombre y apellido, y si se puede, llevalo de verdad.


