Devocional diario

3 de septiembre

Colgá el trabajo en la puerta

Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día su propio afán.
Mathyahu (Mateo) 6:34

Un carpintero terminó un primer día de trabajo malísimo: se le dañó la cortadora eléctrica y perdió una hora, y después el camión no quiso arrancar. Fue callado todo el viaje de vuelta. Al llegar a su casa invitó al que lo llevaba a conocer a la familia, pero antes de entrar se detuvo frente a un arbolito y tocó las puntas de las ramas con las dos manos. Cuando se abrió la puerta, el hombre ya estaba sonriendo.

Después explicó el gesto: era su árbol de aflicciones. Sabía que no podía evitar los problemas del trabajo, pero tenía claro que esos problemas no eran de la casa, ni de su esposa, ni de sus hijos. Los colgaba ahí cada noche y los recogía en la mañana. Y agregó algo curioso: cuando salía a buscarlos al otro día, nunca había tantos como los que recordaba haber colgado.

Eso no es negar el problema, es ponerle horario. Muchos entramos a la casa con el turno todavía abierto: el cliente que no pagó, la discusión con el jefe, la cuenta que no cierra. Y los que están adentro terminan pagando una factura que no emitieron. El afán se multiplica de noche porque a esa hora no podés resolver nada, sólo repasarlo. Y los de tu casa terminan aprendiendo a leerte la cara en la puerta antes de saludarte, para saber cómo va a venir la noche.

Hoy, antes de cruzar la puerta de tu casa, pará treinta segundos afuera y dejá ahí lo que no vas a poder resolver hasta mañana. Entrá con las manos vacías. Mañana volvés a agarrarlo, y vas a ver que pesa menos. Y si mañana sigue igual de pesado, al menos lo vas a levantar descansado.

Este devocional sale deLos pañales de ayer