Devocional diario
30 de enero
Por qué terminó en el desierto
Y él, Yojanan (Juan), tenía un vestido de pelo de camello y un cinto de cuero a la cintura; y su comida era de langostas y miel silvestre.
Pasaron treinta años entre la promesa y el cumplimiento. Yojanan (Juan) creció y se fortaleció en espíritu, pero no terminó donde uno esperaría: vivió en lugares desiertos hasta el día en que apareció en público a Israel. Era hijo de un sacerdote, del linaje de Aarón, y le correspondía servir en el Templo. En cambio se fue al desierto, y la Biblia no da detalles de por qué.
El contexto histórico ayuda. No era el único judío allá. Los saduceos habían tomado el control del sistema del Templo, respaldados por los romanos, y lo corrompieron vendiendo los puestos principales; como reacción, un grupo de levitas y sacerdotes fieles a YAHWEH (Jehová) se vio en la necesidad de huir al desierto para llevar una vida como Él manda. Ese remanente era conocido como los esenios, y muchos vivían en Qumrán, junto al Mar Muerto; escribieron los rollos del Mar Muerto y esperaban con atención la llegada del Mesías. No se sabe si Yojanan (Juan) era parte de ellos, y algo lo diferenciaba: los esenios usaban túnica blanca, y él llevaba pelo de camello y un cinto de cuero.
Ese detalle de la ropa no es color local. Es una señal. Así describe la Escritura a Elías tisbita: un hombre cubierto de pelo, con un cinturón de cuero ceñido a sus lomos. Yojanan (Juan) vino en el espíritu y poder de Elías, y la vestimenta lo anunciaba antes de que abriera la boca.
A veces el lugar apartado donde estás no es castigo ni fracaso: es formación y es señal. Si hoy estás lejos del escenario que creías tuyo, preguntale a Él qué te está enseñando ahí, y quedate el tiempo que haga falta.


