Devocional diario

30 de marzo

Cerrá reconociendo quién manda

La oración modelo no termina pidiendo. Termina reconociendo: tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Después de hablar del pan, del perdón y de la tentación, la última palabra no es sobre nuestra necesidad, sino sobre quién es Él. Es poderoso, es soberano, y a Él le corresponde toda la gloria.

Mirá el marco completo. La oración abre llamándolo Padre y cierra llamándolo Rey. Empieza con la cercanía y termina con la autoridad, y las dos cosas son de la misma persona. Un padre al que no se le reconoce autoridad termina siendo un proveedor; un rey al que no se le reconoce cercanía termina siendo un trono lejano. Esta oración enseña a sostener las dos cosas juntas.

Y hay algo práctico en cerrar así. Cuando uno termina de orar por sus asuntos, la cabeza queda del tamaño de sus asuntos: la deuda, el diagnóstico, el hijo que no responde. Este cierre te levanta la vista. No agrega información nueva al pedido; te recuerda de quién es el reino donde estás pidiendo. A Shaul (Pablo) le pasa lo mismo cuando escribe a Timoteo y se le va la carta en alabanza: al Rey de los siglos, honra y gloria. Y no es un cierre de fórmula: reconocer que el reino, el poder y la gloria son de Él es aceptar que lo que pedimos se resuelve en sus términos y no en los nuestros.

Terminá la oración de hoy sin pedir nada. Quedate un minuto nombrando lo que Él es y lo que le corresponde. Vas a salir de ahí con los problemas del mismo tamaño y con la cabeza en otro lugar.

Este devocional sale deMateo 6