Devocional diario
31 de enero
Una voz que sabía su propósito
En aquellos días llegó Yojanan (Juan) el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Porque este es aquel a quien se refirió el profeta Yeshayah (Isaías), diciendo: Voz que clama en el desierto: «Preparad el camino de Elohim (Dios), haced derechas sus sendas».
Yojanan (Juan) no estaba apartado de la gente. Predicaba en el desierto y en el río Jordán, y hasta allá acudían Jerusalén, toda Judea y toda la región alrededor del Jordán, confesando sus pecados para ser bautizados. Lejos de la ciudad, sin Templo y sin cargo, le llegaba más gente que al sistema religioso. Tal vez algunos pensaron que estaba desperdiciando su vida recluido allí, pero era precisamente donde debía ir para cumplir su propósito.
Cuando mandaron a preguntarle quién era, lo interesante es todo lo que él contestó que no era. No soy el Mesías. No soy Elías. No soy el profeta. Conocían su identidad y su linaje, pero no entendían su misión, y él tampoco tenía un título para darles; sobre lo de Elías, Yahshúa (Jesús) aclararía después que sí había venido en ese espíritu y que no lo reconocieron. Lo que Yojanan (Juan) sí sabía era para qué estaba: «Yo soy la voz del que clama en el desierto: enderezad el camino de YAHWEH (Jehová)». Y cuando le insistieron con el bautismo, respondió que él bautizaba en agua, pero que entre ellos estaba Uno a quien no conocían, a quien no era digno de desatarle la correa de la sandalia.
Fijate la diferencia entre título y propósito. Él no podía definir qué era, pero sabía qué tenía que hacer, y eso le alcanzó para no moverse del lugar ni agrandarse con la multitud que le llegaba. Mucha de nuestra crisis es al revés: peleamos por el nombre del cargo y no sabemos para qué estamos.
Cerrá el mes escribiendo una sola frase, como la de él, sin cargo ni título adentro: para qué estás. Leela mañana antes de empezar.


