Devocional diario

4 de diciembre

Le dio lugar para volver

Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor? Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar. A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.
Mathyahu (Mateo) 26:22-24

Esa misma noche, mientras comían, Yahshúa (Jesús) les dio una noticia tremenda que los sacudió a todos: uno de ellos lo iba a entregar. Nadie podía creerlo, excepto el que ya tenía la semilla de la traición en el corazón. Entristecidos en gran manera, cada uno empezó a preguntar «¿Soy yo, Señor?», y Él respondió que era el que metía la mano con Él en el plato.

A Yahshúa (Jesús) la traición no lo tomó por sorpresa, porque conoce lo que hay en nuestros corazones. Pero lo anunció por dos razones concretas: para que la noticia no tomara desprevenidos a los demás, y para darle a Judas una oportunidad de arrepentirse. Ese anuncio no fue una condena pública ni un escarmiento: fue una puerta abierta delante de alguien que todavía podía volverse.

Fijate en el trato. Tenía todo el derecho de exponerlo por nombre delante de los once y no lo hizo. Le habló de modo que Judas supiera que Él sabía, y lo dejó con la decisión en la mano. Al terminar la cena cantaron unos salmos, como suelen hacer los judíos desde tiempos inmemoriales, y Él anunció que no volvería a celebrar la Pascua hasta la era mesiánica, en el reino de su Padre.

Hay algo que vos estás haciendo y sabés que no está bien, y probablemente ya te llegó el aviso: una conversación incómoda, un versículo que te frenó, una noche sin sueño. Eso no es persecución, es la puerta, y las puertas no quedan abiertas para siempre. Judas tuvo la suya en la mesa, delante del pan, y la dejó pasar. No la dejes pasar de largo: cerrá hoy ese asunto, antes de que se cierre solo.

Este devocional sale deMateo 26