Devocional diario

4 de febrero

La fe entra a la oficina

Hoy empieza la segunda parte de las claves para el empresario de fe, y arranca con una frase que el estudio deja casi como título: honra a quien honra merece. La primera parte se había ocupado de lo que vos mostrás, el carácter delante de empleados, clientes y proveedores, y la excelencia de lo que ofrecés. Esta segunda parte gira la cámara y mira a los que están alrededor de tu trabajo.

El orden no es casual. Antes de hablar de contratos, de equipo, de descanso o de propósito, el estudio pone el reconocimiento: un proveedor que te presta un buen servicio, un empleado que camina «la milla extra». Lo que viene después son formas distintas de la misma pregunta, y conviene escucharla desde hoy: qué hacés con la gente y con el tiempo que Elohim (Dios) puso en tus manos. Porque un negocio de fe no se distingue por el versículo impreso en la factura, sino por cómo le va a la gente que trabaja cerca de vos y por lo que hacés con las horas que te quedan cuando cierra el local.

Anticipate a lo que se viene, porque incomoda. Van a aparecer tus compromisos y tu palabra empeñada. La idea de que te hiciste solo. El descanso que estás postergando. La gente que ya no camina en tu misma dirección. La flojera disfrazada de conformidad. El propósito que se te fue reemplazando por la facturación. Y la honestidad de lo que hacés cuando estás seguro de que nadie mira.

Antes de entrar en todo eso, hacé una lista corta: tres personas sin las cuales tu trabajo de este año no habría salido. Escribila en algún lado y guardala. La vas a necesitar mañana.

Este devocional sale deClaves para el empresario de fe · Parte II