Devocional diario
4 de marzo
El hambre que no atendés
Dichosos…los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
El hambre y la sed son un deseo físico intenso que empuja a buscar lo que el cuerpo necesita. Cuando uno no las siente, suele haber dos razones: o acaba de comer y está satisfecho, o está enfermo. Yahshúa (Jesús) tomó esa analogía prestada del cuerpo para hablar de una necesidad espiritual que todos tenemos.
Porque no todos la sienten como deberían: unos porque se creen llenos, otros porque están enfermos por dentro. Al hambre del cuerpo le prestamos atención toda; a la del alma, la que sobra. En Yojanan (Juan) 4 se ve qué priorizaba Él. Los discípulos le rogaban que comiera y les contestó que tenía una comida que ellos no sabían: «Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra».
Te habrá pasado: estás tan metido en algo que importa de veras que se te olvida comer. Es que estás llenando un propósito mayor. Y la sed de justicia tampoco es lo que el mundo entiende por eso, que se parece bastante al deseo de venganza. En el Reino lo justo no lo deciden las cortes ni los congresos: lo decide YAHWEH (Jehová). Justicia, ahí, es hacer las cosas como Él manda.
Por eso el sermón dice más adelante que hay que buscar primero su reino y su justicia, y que lo demás viene añadido. Y lo dice con las preocupaciones de todos los días en la mano: qué comeremos, qué beberemos, con qué nos vestiremos. Los gentiles las buscan ansiosamente; el Padre celestial ya sabe que hacen falta. Revisá qué buscaste primero esta semana. Hoy poné una sola cosa en ese orden, la que sabés que va primero, y dejá lo otro para después.


